jueves, 26 de noviembre de 2015

LA CELESTINA

Era principios de octubre, tocaba castellano. Mi profesor de lengua castellana Jorge tenía una noticia que decirnos: “Este primer trimestre tendremos como lectura obligatoria La Celestina”. En ese momento me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Sentía miedo. Me habían dicho personas de cursos más adelantados que la celestina era una lectura horrible. Unos cuantos días más tardes empecé con la primera lectura. Abrí el libro y comencé a leer. Muchas palabras no las entendía, pero para eso existen instrumentos como el diccionario. Los días posteriores continué la lectura, página por página, acto por acto. Finalmente acabé el acto número 21. Me sentía orgulloso de haber terminado esta obra.

Después de esta breve introducción en forma de texto narrativo, procederé a dar mi valoración crítica de este libro.

En primer lugar, el personaje central de la obra es la Celestina, ya que a partir de ella se desarrolla toda la acción. Cada uno de los personajes de esta obra tienen un carisma que los diferencian entre sí. Solo hay una característica en la que coinciden la mayoría de personajes en esta obra, y esa es la codicia. Un ejemplo: si Calisto no hubiera sido tan codicioso por alcanzar la gloria de Melibea, jamás se habría resbalado por la escalera y Melibea no se habría suicidado posteriormente tirándose desde la torre. O si Celestina hubiera dado la parte de la cadena de oro a Pármeno y Sempronio nunca la habrían matado, y al mismo tiempo, ellos no habrían muerto degollados en la plaza pública. Por lo tanto, todas estas muertes están relacionadas entre sí y envueltas en dos personajes; Calisto y Melibea.

Celestina; alcahueta, hechicera, maga, prostituta y mil y un oficios más, presenta una serie de características que la hacen única. Entre ellas la que más destaca es su sabiduría. Esta característica, la utiliza para engatusar a muchos personajes de esta obra; entre ellos Calisto y Melibea. Gracias a un lenguaje excelente y el buen uso de las palabras, consigue todo lo que se propone. Por otra parte, es una mujer despreciable y egocéntrica, ya que solo piensa en ella misma.

Los grandes enamorados Calisto y Melibea son casi idénticos. Tal vez, Melibea es un poco más responsable e  ingenua, ya que le importaba perder su honra. En cambio, Calisto era un enfermo. Su único objetivo era alcanzar su matriz.

Los dos criados más relevantes Pármeno y Sempronio juegan un papel muy importante en esta obra. Pármeno, es un joven engatusado por Celestina, el cual recibe el amor de Areúsa, una prostituta al servicio de la alcahueta. Por otra parte, encontramos a Sempronio, un hombre adulto asociado a la Celestina (personaje), enamorado de Elicia.

Como no, nombrar a Centurio, sicario encargado de vengar la muerte de Pármeno y Sempronio matando a Calisto y Melibea. Pero él no es quien realiza semejante tarea, sino su amigo Traso y sus compinches.

Referente al contexto, este libro está escrito en el S. XV, época muy religiosa.  Esta obra  fue todo un escándalo, ya que se trataban temas como el sexo, brujería, hechicería… Es más, este fue uno de los libros prohibidos. El atrevimiento de Fernando de Rojas al escribir La Celestina me parece muy arriesgado, ya que le podrían haber condenado a ser degollado.

Hay una expresión que llama mucho la atención; “…sepa de ti largamente la triste razón porque muero. ¡Gran placer llevo de no la ver presente! Toma, padre viejo, los dones de tu vejez. Que en largos días largas se sufren tristezas. Recibe las arras de tu senectud antigua, recibe allá tu amada hija. Gran dolor llevo de mí, mayor de ti, muy mayor de mi vieja madre. Dios quede contigo y con ella. A él ofrezco mi ánima. Pon tú en cobro este cuerpo, que allá baja.”  Este fragmento del final del libro explica la parte más conmovedora de la obra, que nos hace ver los rasgos más humanos del personaje de Melibea.

Para finalizar, el propósito de este libro es el de hacer ver a las personas de esa época el camino correcto a seguir. En esta obra, todos los personajes que viven la vida en pecado mueren o conllevan una multitud de desgracias.





miércoles, 4 de noviembre de 2015

CARTA DE UNA DESCONOCIDA
(final alternativo)

Se quedó mirando el jarrón durante horas, inmóvil como una estatua y con la mente en blanco. Después, miró sus manos, se sintió sucio. Fue a ducharse y a reflexionar sobre lo ocurrido. Tras un largo tiempo en la ducha recordó todo sobre esta mujer; su bella sonrisa capaz de cautivar a cualquier hombre, su precioso pelo castaño, sus ojos verdes, su pequeña nariz, su esbelta figura... También recordó su perfume, como vestía, su forma peculiar de caminar, las actividades que realizaban juntos, los besos de película… Lo recordó todo, excepto la cosa más importante; su nombre. El hombre pensó donde podría encontrarlo.

Volvió a coger la carta, miró detrás y una alegría le recorrió el cuerpo de pies a cabeza. El nombre estaba detrás, era Alice Wings. Además, ponía una dirección, que le llevaba a una ciudad vecina. Cogió la carta y salió de su casa.

Más tarde, el hombre se encontraba en la estación de tren. Pensaba en como presentarse y en como pedirle disculpas. Durante el viaje compró una botella de agua. Estaba sediento de tanto pensar en ella. Al bajar del tren, llamó a un taxi el cual le llevó a la dirección de la carta.

Se encontraba en el portal de la casa de Alice. Estaba nervioso, sudando, histérico.  Tocó a la puerta. Escuchó unos pasos que venían hacia él. La puerta se abrió. Era un hombre, de unos 40 años, alto, corpulento y con pinta de pocos amigos. El escritor le preguntó si conocía a una tal Alice. El hombre corpulento, le dijo que era la anterior propietaria de la casa, y que ella se había ido a Argentina con su hijo. En ese momento, el escritor sintió como si diez mil puñales se clavaran en su espalda.  Además, el propietario de la casa le cerró la puerta en las narices. No sabía que hacer. Volvió a su casa, se sentó en el sillón, y se durmió.

Al día siguiente, decidió que no iba a quedarse con los brazos cruzados. Sacó todo su dinero del banco y compró el primer billete  de barco hacia Argentina.

El viaje en barco duró una semana. Al llegar a Argentina, compró un billete  de tren a Buenos Aires, lugar donde empezaría la búsqueda.

Durante tres largos meses, recorrió toda la ciudad; cada calle, cada rincón, cada recoveco. Pero nada, ni rastro de ella. Estuvo un año entero viajando por distintas ciudades y aún así no encontró nada. Preguntó a todas las personas que se encontraba, pero nadie le contestaba o simplemente le daban una falsa esperanza.

Pero un día, mientras el escritor estaba tomando un café en el bar “Las Maravillas”, un niño le intentó robar la cartera. El escritor se dio cuenta, y le pilló infraganti. Cuando el hombre miró la cara al niño, sintió algo familiar, como si aquel pobre y sucio niño fuese de su familia. El escritor le preguntó sobre su madre. El niño le dijo que se llamaba Alice Wings. El hombre lloró de alegría, abrazó al niño y le dio unos besos. El escritor le dijo que era su padre. El niño no se lo creía e intentó irse, pero el escritor lo tenía agarrado del brazo tan fuerte, que no pudo escaparse. El hombre preguntó donde se encontraba su madre y el niño le llevó hasta ella a cambio de unas monedas.

Mientras estaban caminando, el ambiente se iba haciendo cada vez más tétrico. El chico se paró ante una gran puerta de hierro y unos altos muros. En una parte del muro ponía “Cementerio Municipal”. El hombre se desplomó, ya pensaba lo peor. El niño entró y le llevó hacia una cruz. En ella ponía el nombre de Alice Wings, y justó al lado estaba el mismo jarrón de su casa con las flores que recibía todos los años. El hombre y el niño se sentaron sobre la tumba, y finalmente lloraron juntos.



FIN